FRUTA PARA CURAR EL CÁNCER Y DISTINTAS INFECCIONES BACTERIANAS

FRUTA PARA CURAR EL CÁNCER Y DISTINTAS INFECCIONES BACTERIANAS

Al final de la vida de los seres humanos, la existencia se torna dura y difícil para la gran mayoría de las personas. Si nuestra vida ha sido buena puede ser que nuestros ser queridos al final cuiden de nosotros con amor y cariño desinteresado como una retribución del amor y cuidado qué nosotros dimos a lo largo de nuestra vida.

En muchos casos esta teoría se cumple, pero en otros casos resultan tan ingratos los seres qué nos rodean que simplemente nos dejan tirados en una casa hogar o ancianato y más nunca vuelven a visitarlos. Estas conductas a veces son consecuencia directa de nuestras acciones a lo largo de la vida. Si fuimos padres amorosos, responsables y encargados de sembrar buenos valores puede ser que seamos tomados en cuenta y retribuidos con la atención que merecemos.

Este anciano en sus días tranquilos solo recordaba y hacia un balance de lo que vivió o dejo de vivir. Este mensaje parece dirigido a las enfermeras, que en su afán de cumplir con su trabajo lo obligaban a lo más elemental, comer, para poder seguir viviendo, se refiere a lo elemental bañarse, comer, encontrar su ropa y cosas rutinarias.

Pero el verdadero mensaje del poema, es una oda a su vida. El cuenta en forma muy elaborada los acontecimientos desde que tenía poca edad hasta los últimos días de su vida. Habla de su niñez con padre, madre hermanos y hermanas a los 10 años, a los 16 un chico soñador y a los 20 uno enamorado, a los 25 ya tenía hijos, a los 40 sus hijos volaron del nido, a los cincuenta el nacimiento de sus nietos que lo hicieron muy feliz y prontamente la muerte de su esposa, que lo estremece y comienza su debacle. Su cuerpo no responde comienza a envejecer y con ello su final.

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Aquí le presentamos el poema original.

Qué veis vosotras, enfermeras? ¿Qué veis? 

¿Qué pensáis cuando me veis? 

Un viejo cascarrabias, no muy listo. 

Con hábitos extraños y mirada distante. 

Al que la comida le cae por la comisura de los labios y nunca responde. 

Al que decís en alto: „Al menos podría intentarlo“.

Que parece no darse cuenta de las cosas que hacéis. 

Y que siempre pierde algo. ¿Un calcetín o un zapato? 

Que, oponiendo resistencia o sin oponerla, os deja hacer. 

Que ocupa sus largos días con el baño o la comida. 

¿Es eso lo que pensáis? ¿Es eso lo que veis? 

Pues entonces abrid los ojos, enfermeras, vosotras no me veis. 

Os diré quién soy, ahora que estoy sentado

haciendo lo que me decís y comiendo cuando me pedís:

Soy un niño de 10 años, con padre y madre, 

hermanos y hermanas, que se quieren. 

Un chico de 16 con alas en los pies, 

que sueña con encontrar pronto el amor. 

Un novio con 20, al que el corazón le brinca. 

Que recuerda los votos que prometió cumplir. 

Que con 25 ya tiene sus propios niños,

A los que ha de guiar y dar un seguro hogar.

Un hombre con 30, cuyos hijos crecen rápido. 

Unidos los unos a los otros con lazos que han de durar. 

Con 40, mis jóvenes hijos han crecido y se han ido. 

Pero mi mujer está conmigo para ver que no entristezco. 

Con 50 vuelven a jugar bebés en mi regazo. 

Volvemos a conocer a niños, mi amor y yo. 

Días oscuros sobre mí, mi mujer ha muerto. 

Miro al futuro y me estremezco. 

Mis hijos tienen sus propios hijos. 

Y pienso en los años y en el amor que conocí. 

Yo soy ahora un viejo. La naturaleza es terrible. 

Me río de mi edad como un idiota.

Mi cuerpo se viene abajo. Gracia y fuerza se despiden.  

Ahora solo queda una piedra, donde latía un corazón. 

Pero en esta vieja carcasa aún vive un hombre joven. 

Y mi maltrecho corazón se hincha.

Me acuerdo de las alegrías, me acuerdo de las penas. 

Y vivo y amo, todos los días. 

Pienso en los años, tan pocos y que se fueron tan rápido.

Acepto el hecho de que nada puede quedar. 

Así que abrid los ojos. Abridlos y mirad.

Nada de viejo cascarrabias.

Mirad más de cerca. ¡Vedme a MÍ! 

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Al ver esto recuerda siempre a tus viejos, quiérelos mucho y sobre todo cuídalos, saca tiempo para compartir con ellos y nutrirte de sus recuerdos. Los ancianos son una cajita de sorpresas cuando menos lo esperas te recuerdan anécdotas olvidadas por ti, pero que a ellos le dieron momentos muy especiales de amor, paz y mucha familiaridad.